Emilio Rosenblueth D.

(1915-1971; México)

ERDNació el 8 de abril de 1926 en la ciudad de México. Tuvo una infancia muy cercana a sus padres y su familia paterna. Estudió piano desde pequeño y llegó a tocar muy bien, especialmente obras de Chopin, Ravel y Debussy. Tuvo una gran influencia de su tío Arturo quien, no teniendo hijos propios, prácticamente lo adoptó a la muerte de su padre, cuando Emilio tenía 18 años. Cursó la secundaria y la preparatoria en el Colegio Francés Morelos e ingresó a la Escuela Nacional de Ingenieros donde estudió ingeniería civil. Al mismo tiempo que estudiaba, desempeñó numerosos trabajos como topógrafo, estructurista, ayudante de laboratorio de mecánica de suelos y supervisor de obras para varias empresas privadas.

En 1951 obtuvo un doctorado en ingeniería civil en la Universidad de Illinois, Estados Unidos. En su tesis doctoral hizo una contribución mundial a la teoría de las probabilidades aplicada a la ingeniería sísmica. Publicó años después un libro ya clásico, Fundamentos de Ingeniería Sísmica, junto con Nathan M. Newmark, quien había contribuido al diseño de la Torre Latinoamericana. En 1953 estableció un despacho de ingeniería estructural, Diseño Racional (DIRAC), que creció rápidamente, y del cual fue presidente y socio principal durante más de treinta años. Ahí participó en los diseños de numerosas obras, muchas con soluciones de avanzada, como las obras para la olimpiada de 1968, el Palacio de los Deportes y la Alberca Olímpica.

En 1958, a instancias de Javier Barros Sierra, entonces director de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, fundó, junto con Fernando Hiriart, Raúl Marsal y José Luis Sánchez Bribiesca, el Instituto de Ingeniería. En 1959 fue nombrado director del Instituto, puesto que desempeñó hasta 1966, cuando fue nombrado Coordinador de Ciencias de la Universidad Nacional.

En 1977 ocupó el cargo de Subsecretario de Planeación Educativa en la Secretaría de Educación Pública, puesto que desempeñó hasta finales de 1982. Ahí contribuyó a la creación de diversas instituciones educativas y a la mejoría de muchas otras. Jugó un papel importante en, entre otros proyectos, el establecimiento del Consejo Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP) y del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).

Produjo alrededor de 280 artículos científicos sobre temas de probabilidades, ingeniería sísmica, ética y teoría de decisiones. Muchas de sus contribuciones y discursos tuvieron siempre un contenido humanístico, escritos en un español austero y vigoroso. Siempre estuvo preocupado por el desarrollo del país.

Fue un gran formador de personas. Dejó su estampa en decenas de personas, alumnos a quienes dirigió tesis, colegas y funcionarios públicos. Sabía estimular a sus discípulos con problemas nuevos e ideas innovadoras, dejarlos trabajar y hacerlos conocer y emplear todos sus recursos y aptitudes.

En su carrera académica, además de ser profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional y de la División de Estudios de Posgrado de dicha facultad, impartió cátedras en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el de California y el de Milán, y en las universidades de Washington, Stanford, California, Waterloo (Canadá) y Nacional de Ingeniería (Perú). Asimismo, dio innumerables conferencias en el país y en el extranjero.

Participó en gran número de comisiones nacionales e internacionales, desempeñó diversos cargos en organizaciones científicas y profesionales de México y el mundo, y recibió premios de todo género dentro y fuera del país. Fue presidente de la Academia de la Investigación Científica (1963-1965), miembro de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional (1972- 1981), presidente de la Fundación Javier Barros Sierra (1975-1977) y miembro honorario de organizaciones como el Instituto Americano del Concreto (desde 1976) y la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (desde 1981). Fue elegido por unanimidad miembro de El Colegio Nacional (1972) y recibió el grado de doctor honoris causa de la Universidad de Waterloo (1983), de la Universidad Nacional Autónoma de México (1985) y de la Universidad Carnegie Mellon (1989). Entre los premios que le fueron otorgados destacan el Premio Luis Elizondo (1973), Nacional de Ciencias (1974), Príncipe de Asturias (1985), Universidad Nacional en el área de Investigación en Ciencias Exactas (1986), Newmark de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (1987) y Bernardo A. Houssay (1988).

Emilio Rosenblueth Deutsch murió el 11 de enero de 1994, a los 67 años de edad, víctima de un aneurisma abdominal.